Terrorista hasta en vídeo
El agente doble jordano que atentó contra el espionaje de EE UU aseguró en una grabación que quería vengar la muerte del líder de los talibanes en Pakistán
STEPHEN FARRELL (NYT) - Ammán - 10/01/2010
El terrorista suicida jordano que asesinó a siete agentes de la CIA y a un oficial jordano en Afganistán el mes pasado grabó un vídeo en el que asegura que perpetró el ataque para vengar la muerte, en 2009, del jefe talibán paquistaní Baitulá Mehsud.
Los talibanes en Pakistán
Al Qaeda deja al desnudo a la CIA
CIA
(Agencia Central de Inteligencia)
A FONDO
Sede: Washington (Estados Unidos)
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Jordania
A FONDO
Capital: Ammán. Gobierno: Monarquía Constitucional. Población: 6,198,677 (est. 2008)
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En la grabación, difundida ayer por la cadena árabe Al Yazira, Human Jalil Abu Mulal al Balawi aparece vestido de camuflaje y con un arma en su regazo. "Ésta es una carta a los enemigos de la nación", dice, en referencia a la nación islámica o umma. "A los servicios secretos jordanos y a la CIA".
El terrorista, que luce una barba poblada, se sienta junto a otro hombre al que una televisión paquistaní ha identificado como Hakimulá Mehsud, un agresivo joven que tomó las riendas de los talibanes en Pakistán tras la muerte de su hermano Baitulá y que ha desencadenado una intensa oleada de atentados. Detrás de ambos se despliega una tela negra con la leyenda: "No hay otro Dios que Alá y Mahoma es su profeta".
La imagen respalda la afirmación de los talibanes de que Balawi tenía, cuando menos, el apoyo de la dirigencia de ese grupo en Pakistán. En el vídeo, Balawi dice: "Nunca olvidaremos la sangre de nuestro emir Baitulá Mehsud, la gloria de Dios sea con él. Nos vengaremos de su muerte en Estados Unidos y fuera de Estados Unidos". Mehsud murió en un ataque de aviones no tripulados de la CIA en agosto de 2009.
Balawi, un médico que trabajó en un campo de refugiados palestinos en Jordania, se hizo estallar el 30 de diciembre en la base de la CIA en Khost, al este de Afganistán. EE UU lo ha descrito como un doble agente que fue invitado a la base porque la CIA creía que podría entregar a jefes de la red de Al Qaeda.
Los servicios secretos creen que Balawi se preparó pacientemente durante al menos un año para asestar un golpe decisivo a las operaciones de la inteligencia estadounidense en la región.
Poco después de que Al Yazira mostrara el vídeo, el padre de Balawi confirmó, con lágrimas en los ojos, que se trataba de su hijo. "Tengo el corazón roto", dijo, a las puertas de su casa en Ammán, la capital jordana. "¿Quién destrozó a la persona que yo crié? ¿Quién convirtió a un médico en alguien que pudo hacer algo así?". Pese a ello, justificó el atentado al asegurar que "el mundo islámico odia a Estados Unidos por la muerte de inocentes" y que su hijo "dio la vida por los oprimidos".
Balawi fue detenido el año pasado por las autoridades jordanas durante la ofensiva israelí en Gaza, y fue interrogado sobre sus escritos yihadistas en Internet. Quedó en libertad al cabo de tres días y, según su esposa, desapareció en Pakistán. El Gobierno jordano sostiene que fue Balawi quien les contactó más tarde, desde Pakistán, para ofrecer información sobre Al Qaeda.
Al Yazira asegura en su página web que recibió el sábado el vídeo, y que muestra a Balawi "disparando un arma mientras describe cómo el ataque tendría como objetivo a agentes de los servicios de inteligencia jordanos y estadounidenses". Además de los siete agentes de la CIA, el atentado mató a Sharif Ali Bin Zeid, oficial de la inteligencia jordana y pariente lejano del rey Abdulá. Se cree que él estaba a cargo de Balawi y fue quien lo llevó a la reunión de los agentes estadounidenses en la base Chapman, de Khost, cerca de la frontera paquistaní.
"El yihadista que sigue el camino de Dios no saca su religión a subasta, incluso aunque le pongan el sol a su derecha y la luna a su izquierda", dice Balawi en el vídeo.
Talat Masood, un general paquistaní retirado, cree que, además de la red de los Mehsud, otras facciones talibanes pueden estar implicadas en el atentado en la base de Khost. Al Qaeda y los talibanes afganos también lo han reivindicado.
El Gobierno paquistaní cree que el vídeo ratifica su teoría de que la mayor amenaza terrorista no procede de la red afgana de los Haqqani, sino de los talibanes paquistaníes bajo la dirección de Mehsud.
Los talibanes en Pakistán
- Baitulá Mehsud, jefe talibán paquistaní, acusado del asesinato de la ex primera ministra Benazir Bhutto, murió en agosto de 2009 en un ataque de drones, aviones no tripulados de la CIA.
- Dos meses después, una ofensiva militar paquistaní contra Waziristán del Sur puso en fuga a sus seguidores, que se refugiaron en áreas tribales vecinas.
- Reorganizados bajo el mando de Hakimulá Mehsud, lanzaron una serie de atentados que han acabado con la vida de 600 personas en tres meses.
- Las tensiones entre Estados Unidos y Pakistán se agudizan. Washington lamenta que Islamabad no actúe en Waziristán del Norte, refugio de los talibanes afganos. Esa operación resulta vital ante el aumento de tropas ordenado por Obama en Afganistán.
- Pakistán asegura que sólo tiene capacidad para combatir a los talibanes de Mehsud. Varios analistas creen que las diversas facciones integristas actúan de forma cada vez más coordinada.
- La CIA ha incrementado los ataques con drones contra las bases talibanes en esa región.
domingo, 10 de enero de 2010
Los i Lu minados.
La amenaza terrorista
Al Qaeda deja al desnudo a la CIA
Los últimos atentados destapan las limitaciones de los servicios secretos de EE UU - La burocratización y la desidia de los responsables lastran la lucha antiterrorista
ANTONIO CAÑO - Washington - 10/01/2010
La CIA, lejos de su leyenda, es una institución pesada y burocrática. Incapaz de competir por los mejores cerebros de cada promoción universitaria, se tiene que conformar generalmente con disciplinados funcionarios que ascienden por años de servicio y buscan una vida sin sobresaltos. Para muchos de ellos, acudir por las mañanas a su oficina entre la paradisiaca vegetación de Langley, en el norte de Virginia, y dirigir desde su ordenador el bombardeo de un drone (aviones sin tripulación) sobre una aldea de Pakistán es tan rutinario como despachar el correo.
Terrorista hasta en vídeo
Karzai presenta otro Gabinete sin 'señores de la guerra'
Visiones del terrorismo global
CIA
(Agencia Central de Inteligencia)
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Sede: Washington (Estados Unidos)
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La ofensiva de Al Qaeda
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Amenaza internacional
Sólo los jóvenes inexpertos pugnan por acudir a misiones peligrosas
Los mandos militares se quejan de la falta de datos sobre el terreno
La prolongación de la guerra contra el terrorismo está presentando, no obstante, exigencias mayores. Los voluntarios para actuar en zonas de combate escasean, los conocedores del terreno y el idioma del enemigo se cuentan aún con los dedos de una mano y la CIA ha tenido que recurrir a estrictos turnos de rotación que obligan a la práctica totalidad de sus empleados a pasar un tiempo en territorio hostil.
En la mayoría de los casos, esos turnos son de un año, un plazo pensado para que los agentes no consuman demasiado tiempo alejados de sus familias, pero insuficiente como para que se formen convenientemente en las costumbres de aquellos a los que combaten. Sólo los jóvenes pugnan por acudir a misiones que, además de valentía, exigen de la sagacidad que sólo dan los años. Los verdaderos expertos prefieren hacer análisis desde la paz de sus escritorios.
Estas limitaciones no eran tan evidentes en la época dorada de la CIA, durante la Guerra Fría, cuando sus agentes competían con rivales aún más burocratizados y cínicos que ellos, los espías del KGB. Pero hoy, cuando se enfrentan a jóvenes iluminados, como el nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab, o ilustrados fanáticos, como Human Jalil Abu Mulal al Balawi, el doble agente jordano que mató a siete empleados de la base de Khost, en Afganistán, las carencias de la CIA tienen dramáticas consecuencias.
Y no es un problema sólo de la CIA. Las 16 agencias civiles y militares encargadas del espionaje en Estados Unidos sufren, en alguna medida, enormes dificultades para responder a los desafíos que representa Al Qaeda y sus múltiples manifestaciones. Su adiestramiento es tan precario y su adaptación al medio tan escasa que, como afirma Reuel Marc Gerecht, un antiguo espía y experto en la materia, "sin la ayuda de Blackwater [la compañía de seguridad privada ahora rebautizada Xe], la actividad de la CIA en Afganistán probablemente se vería paralizada".
Entre los siete muertos en Khost, dos eran, efectivamente, empleados de Xe, que, liberados de las esclavitudes del reglamento y estimulados por la atracción del dinero, llenan algunas de las muchas lagunas del espionaje norteamericano en Afganistán y en otros frentes de esta guerra. Los mandos militares se han quejado oficialmente de que sus fuerzas sobre el terreno carecen de la información necesaria para hacer su trabajo y han alertado de que, en estas condiciones, el enemigo se hace muy difícil.
Los tres fracasos cosechados por los servicios de inteligencia en los dos últimos meses han encendido todas las señales de alarma. En el caso de Nidal Malik Hasan, el oficial médico del Ejército que en noviembre perpetró una matanza en Fort-Hood (Tejas), el FBI le había detectado 18 correos electrónicos intercambiados con el clérigo radical de Al Qaeda en Yemen Anwar al- Awlaki que hacían sospechar claramente de sus planes, pero los remitió a la seguridad militar con un código diferente al que ésta usa para los asuntos urgentes. Nadie actuó al respecto.
Sobre el avión de Detroit, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, en sus siglas en inglés) había interceptado comunicaciones de la base de Al Qaeda en Yemen sobre la planificación de un atentado con la implicación de un nigeriano. La CIA, por su parte, había entrevistado en la Embajada estadounidense en Lagos al padre de Abdulmutallab en relación con la denuncia que éste había hecho sobre la vinculación de su hijo con el radicalismo islámico. Ambas agencias remitieron sus respectivas informaciones a sus superiores para quedar almacenadas entre pilas de datos sueltos que el espionaje recolecta cada día.
La competencia infantil entre departamentos y el escaso celo de los responsables impiden que cada agencia haga algo más que lo que exige el protocolo. Y como el protocolo no obliga a cotejar los datos ofrecidos por el padre de Abdulmutallab con el archivo de visados del Departamento de Estado, no se le pudo incluir en la lista de personas vetadas para entrar en el país. Para contribuir al desastre, el Departamento de Estado ha reconocido que no podía encontrar el nombre del sospechoso en su documentación por un error en el deletreo del apellido.
En 2004 fue creado el Centro Nacional Contraterrorista con el objetivo, precisamente, de coordinar la actividad de todos los departamentos y evitar errores como ésos. Su actual director, Michael Leiter, quien, por cierto estaba de vacaciones en el momento del atentado frustrado y tardó dos días en reincorporarse al puesto, ha tenido que escuchar al presidente Barack Obama decir que "el sistema ha fallado sistemáticamente".
La consecuencia más dramática de esos fallos fue la de la base de Khost, probablemente el peor golpe contra la CIA en toda su historia. Aunque quizá en este caso, además del error evidente que representa permitir que un doble agente se reúna al mismo tiempo con siete de tus mejores empleados -motivado, sin duda, por la inexperiencia y el desconocimiento del medio-, hay que mencionar también el mérito de Al Qaeda. La organización terrorista supo planificar una acción que exigió meses de paciente y cuidadoso trabajo para burlar la vigilancia no sólo de la CIA, sino también del servicio secreto jordano (GID), mucho más ducho en el manejo del terreno.
Jordania era hasta ahora, por esa razón, un aliado imprescindible del espionaje norteamericano, que se nutre de colaboraciones como ésa para compensar sus limitaciones en la región. Precisamente el viernes estuvo en Washington el ministro de Relaciones Exteriores jordano, Nasser Judeh, para recomponer esa alianza. "Si la información es poder", dijo ante la secretaria de Estado, Hillary Clinton, "compartir la información es aún más poder".
Pero algunos de las desventajas de los servicios norteamericanos respecto a sus enemigos no se solucionan con más colaboración o más reformas. La burocratización, la presión por los resultados o el relativismo de las convicciones son, como las vacaciones de Leiter y del mismo Obama, consecuencia natural de las sociedades desarrolladas, que pagan, además, el precio de la ansiedad desatada por los medios de comunicación.
Sin haber llegado siquiera a explotar el avión, el joven Abdulmutallab ha sembrado el pánico entre los estadounidenses. Como ha dicho el veterano periodista Ted Koppel, "lo ocurrido puede describirse como un éxito absoluto de Al Qaeda".
Al Qaeda deja al desnudo a la CIA
Los últimos atentados destapan las limitaciones de los servicios secretos de EE UU - La burocratización y la desidia de los responsables lastran la lucha antiterrorista
ANTONIO CAÑO - Washington - 10/01/2010
La CIA, lejos de su leyenda, es una institución pesada y burocrática. Incapaz de competir por los mejores cerebros de cada promoción universitaria, se tiene que conformar generalmente con disciplinados funcionarios que ascienden por años de servicio y buscan una vida sin sobresaltos. Para muchos de ellos, acudir por las mañanas a su oficina entre la paradisiaca vegetación de Langley, en el norte de Virginia, y dirigir desde su ordenador el bombardeo de un drone (aviones sin tripulación) sobre una aldea de Pakistán es tan rutinario como despachar el correo.
Terrorista hasta en vídeo
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CIA
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Sólo los jóvenes inexpertos pugnan por acudir a misiones peligrosas
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La prolongación de la guerra contra el terrorismo está presentando, no obstante, exigencias mayores. Los voluntarios para actuar en zonas de combate escasean, los conocedores del terreno y el idioma del enemigo se cuentan aún con los dedos de una mano y la CIA ha tenido que recurrir a estrictos turnos de rotación que obligan a la práctica totalidad de sus empleados a pasar un tiempo en territorio hostil.
En la mayoría de los casos, esos turnos son de un año, un plazo pensado para que los agentes no consuman demasiado tiempo alejados de sus familias, pero insuficiente como para que se formen convenientemente en las costumbres de aquellos a los que combaten. Sólo los jóvenes pugnan por acudir a misiones que, además de valentía, exigen de la sagacidad que sólo dan los años. Los verdaderos expertos prefieren hacer análisis desde la paz de sus escritorios.
Estas limitaciones no eran tan evidentes en la época dorada de la CIA, durante la Guerra Fría, cuando sus agentes competían con rivales aún más burocratizados y cínicos que ellos, los espías del KGB. Pero hoy, cuando se enfrentan a jóvenes iluminados, como el nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab, o ilustrados fanáticos, como Human Jalil Abu Mulal al Balawi, el doble agente jordano que mató a siete empleados de la base de Khost, en Afganistán, las carencias de la CIA tienen dramáticas consecuencias.
Y no es un problema sólo de la CIA. Las 16 agencias civiles y militares encargadas del espionaje en Estados Unidos sufren, en alguna medida, enormes dificultades para responder a los desafíos que representa Al Qaeda y sus múltiples manifestaciones. Su adiestramiento es tan precario y su adaptación al medio tan escasa que, como afirma Reuel Marc Gerecht, un antiguo espía y experto en la materia, "sin la ayuda de Blackwater [la compañía de seguridad privada ahora rebautizada Xe], la actividad de la CIA en Afganistán probablemente se vería paralizada".
Entre los siete muertos en Khost, dos eran, efectivamente, empleados de Xe, que, liberados de las esclavitudes del reglamento y estimulados por la atracción del dinero, llenan algunas de las muchas lagunas del espionaje norteamericano en Afganistán y en otros frentes de esta guerra. Los mandos militares se han quejado oficialmente de que sus fuerzas sobre el terreno carecen de la información necesaria para hacer su trabajo y han alertado de que, en estas condiciones, el enemigo se hace muy difícil.
Los tres fracasos cosechados por los servicios de inteligencia en los dos últimos meses han encendido todas las señales de alarma. En el caso de Nidal Malik Hasan, el oficial médico del Ejército que en noviembre perpetró una matanza en Fort-Hood (Tejas), el FBI le había detectado 18 correos electrónicos intercambiados con el clérigo radical de Al Qaeda en Yemen Anwar al- Awlaki que hacían sospechar claramente de sus planes, pero los remitió a la seguridad militar con un código diferente al que ésta usa para los asuntos urgentes. Nadie actuó al respecto.
Sobre el avión de Detroit, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, en sus siglas en inglés) había interceptado comunicaciones de la base de Al Qaeda en Yemen sobre la planificación de un atentado con la implicación de un nigeriano. La CIA, por su parte, había entrevistado en la Embajada estadounidense en Lagos al padre de Abdulmutallab en relación con la denuncia que éste había hecho sobre la vinculación de su hijo con el radicalismo islámico. Ambas agencias remitieron sus respectivas informaciones a sus superiores para quedar almacenadas entre pilas de datos sueltos que el espionaje recolecta cada día.
La competencia infantil entre departamentos y el escaso celo de los responsables impiden que cada agencia haga algo más que lo que exige el protocolo. Y como el protocolo no obliga a cotejar los datos ofrecidos por el padre de Abdulmutallab con el archivo de visados del Departamento de Estado, no se le pudo incluir en la lista de personas vetadas para entrar en el país. Para contribuir al desastre, el Departamento de Estado ha reconocido que no podía encontrar el nombre del sospechoso en su documentación por un error en el deletreo del apellido.
En 2004 fue creado el Centro Nacional Contraterrorista con el objetivo, precisamente, de coordinar la actividad de todos los departamentos y evitar errores como ésos. Su actual director, Michael Leiter, quien, por cierto estaba de vacaciones en el momento del atentado frustrado y tardó dos días en reincorporarse al puesto, ha tenido que escuchar al presidente Barack Obama decir que "el sistema ha fallado sistemáticamente".
La consecuencia más dramática de esos fallos fue la de la base de Khost, probablemente el peor golpe contra la CIA en toda su historia. Aunque quizá en este caso, además del error evidente que representa permitir que un doble agente se reúna al mismo tiempo con siete de tus mejores empleados -motivado, sin duda, por la inexperiencia y el desconocimiento del medio-, hay que mencionar también el mérito de Al Qaeda. La organización terrorista supo planificar una acción que exigió meses de paciente y cuidadoso trabajo para burlar la vigilancia no sólo de la CIA, sino también del servicio secreto jordano (GID), mucho más ducho en el manejo del terreno.
Jordania era hasta ahora, por esa razón, un aliado imprescindible del espionaje norteamericano, que se nutre de colaboraciones como ésa para compensar sus limitaciones en la región. Precisamente el viernes estuvo en Washington el ministro de Relaciones Exteriores jordano, Nasser Judeh, para recomponer esa alianza. "Si la información es poder", dijo ante la secretaria de Estado, Hillary Clinton, "compartir la información es aún más poder".
Pero algunos de las desventajas de los servicios norteamericanos respecto a sus enemigos no se solucionan con más colaboración o más reformas. La burocratización, la presión por los resultados o el relativismo de las convicciones son, como las vacaciones de Leiter y del mismo Obama, consecuencia natural de las sociedades desarrolladas, que pagan, además, el precio de la ansiedad desatada por los medios de comunicación.
Sin haber llegado siquiera a explotar el avión, el joven Abdulmutallab ha sembrado el pánico entre los estadounidenses. Como ha dicho el veterano periodista Ted Koppel, "lo ocurrido puede describirse como un éxito absoluto de Al Qaeda".
jueves, 7 de enero de 2010
Facebook metida a juez
Miles de británicos rechazan un acto contra la guerra afgana convocado por un islamista
WALTER OPPENHEIMER - Londres - 06/01/2010
Como decenas de veces antes, la tranquila villa mercantil de Wootton Bassett, 140 kilómetros al oeste de Londres, despidió ayer en respetuoso silencio a los dos últimos soldados británicos muertos en Afganistán. Sus cadáveres habían llegado horas antes a la cercana base de la fuerza aérea, la RAF, en Lyneham. Las concentraciones silenciosas en Wootton Bassett se han convertido en un movimiento espontáneo a medio camino entre homenaje patriótico y señal de duelo por una guerra tan sangrienta. Con buena voluntad, se podrían interpretar incluso como una callada protesta por la guerra misma.
Reino Unido
A FONDO
Capital: Londres. Gobierno: Monarquía Constitucional. Población: 60.943.912 (est. 2008)
El conflicto de Afganistán
A FONDO
Hacia la democracia
No lo entiende así el predicador islamista Anjem Choudary, que planea convocar en esa misma población una manifestación de protesta contra la guerra que la inmensa mayoría de los británicos ve como una provocación mucho más que una causa en defensa de la paz. Choudary, antiguo líder en Reino Unido del grupo islamista Al-Muhajiroun, quiere pasear 500 ataúdes vacíos por las calles de Wootton Bassett para denunciar las muertes de civiles en Afganistán a manos del Ejército británico.
El mismo Choudary, que estos días ha comparado la actuación de los británicos en Afganistán con el comportamiento de los nazis en la II Guerra Mundial, ha venido a reconocer el carácter provocador de su iniciativa al admitir que si convocara esa marcha en cualquier otro sitio pasaría desapercibida y al querer hacerla en ese lugar se ha convertido en noticia nacional.
Más de 277.000 personas han firmado una petición en Facebook pidiendo la prohibición de esa protesta. La prohibición no es difícil desde el punto de vista legal si la policía cree que la marcha puede acabar provocando violencia.
Pero eso puede tener consecuencias no deseadas. Por un lado, muchos musulmanes verían en ello un agravio comparativo. Por otro, podría acabar celebrándose una marcha ilegal que inevitablemente degeneraría en violencia si la policía intenta impedirla. Aunque el primer ministro, Gordon Brown, ve en esa iniciativa una provocación, el presidente de la influyente Asociación de Oficiales Jefes de Policía, sir Hugh Orde, advirtió que la prohibición podría ser contraproducente.
WALTER OPPENHEIMER - Londres - 06/01/2010
Como decenas de veces antes, la tranquila villa mercantil de Wootton Bassett, 140 kilómetros al oeste de Londres, despidió ayer en respetuoso silencio a los dos últimos soldados británicos muertos en Afganistán. Sus cadáveres habían llegado horas antes a la cercana base de la fuerza aérea, la RAF, en Lyneham. Las concentraciones silenciosas en Wootton Bassett se han convertido en un movimiento espontáneo a medio camino entre homenaje patriótico y señal de duelo por una guerra tan sangrienta. Con buena voluntad, se podrían interpretar incluso como una callada protesta por la guerra misma.
Reino Unido
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Capital: Londres. Gobierno: Monarquía Constitucional. Población: 60.943.912 (est. 2008)
El conflicto de Afganistán
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Hacia la democracia
No lo entiende así el predicador islamista Anjem Choudary, que planea convocar en esa misma población una manifestación de protesta contra la guerra que la inmensa mayoría de los británicos ve como una provocación mucho más que una causa en defensa de la paz. Choudary, antiguo líder en Reino Unido del grupo islamista Al-Muhajiroun, quiere pasear 500 ataúdes vacíos por las calles de Wootton Bassett para denunciar las muertes de civiles en Afganistán a manos del Ejército británico.
El mismo Choudary, que estos días ha comparado la actuación de los británicos en Afganistán con el comportamiento de los nazis en la II Guerra Mundial, ha venido a reconocer el carácter provocador de su iniciativa al admitir que si convocara esa marcha en cualquier otro sitio pasaría desapercibida y al querer hacerla en ese lugar se ha convertido en noticia nacional.
Más de 277.000 personas han firmado una petición en Facebook pidiendo la prohibición de esa protesta. La prohibición no es difícil desde el punto de vista legal si la policía cree que la marcha puede acabar provocando violencia.
Pero eso puede tener consecuencias no deseadas. Por un lado, muchos musulmanes verían en ello un agravio comparativo. Por otro, podría acabar celebrándose una marcha ilegal que inevitablemente degeneraría en violencia si la policía intenta impedirla. Aunque el primer ministro, Gordon Brown, ve en esa iniciativa una provocación, el presidente de la influyente Asociación de Oficiales Jefes de Policía, sir Hugh Orde, advirtió que la prohibición podría ser contraproducente.
por venganza -
Al Qaeda asegura que el terrorista suicida de la base de la CIA actuó por venganza
La rama de la organización terrorista en Afganistán dice que el jordano, que mató a siete agentes, atentó por la muerte de milicianos a manos de EE UU
EFE - El Cairo - 07/01/2010
El grupo Al Qaeda en Afganistán ha asegurado que el terrorista jordano, doble agente, Humam Khalil Abu Mulai al Balawi, que el pasado 30 de diciembre mató a siete agentes de la CIA en un atentado suicida en Afganistán, actuó por venganza.
El terrorista de Detroit se reunió en Yemen con el imán vinculado con la matanza de Fort Hood
COMUNICADO DE AL QAEDA (EN INGLÉS)
DOCUMENTO (PDF - 162bytes) - 07-01-2010
CIA
(Agencia Central de Inteligencia)
A FONDO
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El conflicto de Afganistán
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En un comunicado difundido hoy por una página que se hace eco habitualmente de las notas del grupo terrorista, Al Qaeda asegura que Abu Duyana, nombre con el que identifican a Al Balawi, perpetró el atentado en venganza por la muerte de varios líderes de Al Qaeda a manos de las tropas estadounidenses en Afganistán y Somalia.
Según la nota, Al Balawi dejó escrito que se iba a inmolar "en venganza por nuestros mártires, sobre todo el ayatolá Mahsud, Abu Saleh al Somali y Abdala Said al Libi", supuestamente muertos en ataques con misiles lanzados por aviones no tripulados de EE UU.
El comunicado, firmado por Al Qaeda en Afganistán y en el que el grupo terrorista muestra sus condolencias a todos los musulmanes por la muerte de Al Balawi, ha aparecido hoy, aunque tiene fecha del pasado día 2 de enero.
La autoría del atentado, en el que también murió un miembro de la inteligencia jordana, fue asumido el pasado 1 de enero por los talibanes paquistaníes, según informó entonces la prensa paquistaní.
La página web donde aparece la nota, Al Faluya, también muestra su duelo por el terrorista muerto en otra nota en la que lo describe como un "un gran héroe y un gran muyahidín (guerrero santo)".
Por otra parte, un terrorista suicida ha detonado hoy una bomba en un mercado de la localidad de Gardez, en el sureste de Afganistán, causando al menos nueve muertos y varios heridos, según informan fuentes oficiales. El atentado tenía como objetivo los responsables de la seguridad afgana aliados de las fuerzas internacionales, según Rohullah Samoon, portavoz del gobernador provincial.
El terrorista de Detroit se reunió en Yemen con el imán vinculado con la matanza de Fort Hood
El joven nigeriano acusado de intentar atentar contra el avión estadounidense que cubría la línea Amsterdam-Detroit el pasado día de Navidad, Umar Farouk Abdulmutallab, fue reclutado en Londres por Al Qaeda y se reunió en Yemen con el imán radical Anwar al Awlaki -vinculado con la matanza de la base de Fort Hood- durante el tiempo en que permaneció en este país árabe, según informan fuentes gubernamentales yemeníes.
"De acuerdo con nuestras investigaciones, el nigeriano se trasladó a (la provincia de) Shabwa y se reunió con Anwar al Awlaki", ha declarado el viceprimer ministro para Defensa y Seguridad de Yemen, Rshad al Alimi, en rueda de prensa.
Awlaki, un clérigo radical anglohablante al que se ha vinculado con la matanza perpretrada a principios de diciembre en la base de Fort Hood (Texas), en la que murieron 13 personas, había sido dado por muerto a causa de un ataque aéreo contra Al Qaeda efectuado el pasado mes de diciembre en Yemen, pero fuentes familiares precisaron posteriormente que seguía vivo.
La rama de la organización terrorista en Afganistán dice que el jordano, que mató a siete agentes, atentó por la muerte de milicianos a manos de EE UU
EFE - El Cairo - 07/01/2010
El grupo Al Qaeda en Afganistán ha asegurado que el terrorista jordano, doble agente, Humam Khalil Abu Mulai al Balawi, que el pasado 30 de diciembre mató a siete agentes de la CIA en un atentado suicida en Afganistán, actuó por venganza.
El terrorista de Detroit se reunió en Yemen con el imán vinculado con la matanza de Fort Hood
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En un comunicado difundido hoy por una página que se hace eco habitualmente de las notas del grupo terrorista, Al Qaeda asegura que Abu Duyana, nombre con el que identifican a Al Balawi, perpetró el atentado en venganza por la muerte de varios líderes de Al Qaeda a manos de las tropas estadounidenses en Afganistán y Somalia.
Según la nota, Al Balawi dejó escrito que se iba a inmolar "en venganza por nuestros mártires, sobre todo el ayatolá Mahsud, Abu Saleh al Somali y Abdala Said al Libi", supuestamente muertos en ataques con misiles lanzados por aviones no tripulados de EE UU.
El comunicado, firmado por Al Qaeda en Afganistán y en el que el grupo terrorista muestra sus condolencias a todos los musulmanes por la muerte de Al Balawi, ha aparecido hoy, aunque tiene fecha del pasado día 2 de enero.
La autoría del atentado, en el que también murió un miembro de la inteligencia jordana, fue asumido el pasado 1 de enero por los talibanes paquistaníes, según informó entonces la prensa paquistaní.
La página web donde aparece la nota, Al Faluya, también muestra su duelo por el terrorista muerto en otra nota en la que lo describe como un "un gran héroe y un gran muyahidín (guerrero santo)".
Por otra parte, un terrorista suicida ha detonado hoy una bomba en un mercado de la localidad de Gardez, en el sureste de Afganistán, causando al menos nueve muertos y varios heridos, según informan fuentes oficiales. El atentado tenía como objetivo los responsables de la seguridad afgana aliados de las fuerzas internacionales, según Rohullah Samoon, portavoz del gobernador provincial.
El terrorista de Detroit se reunió en Yemen con el imán vinculado con la matanza de Fort Hood
El joven nigeriano acusado de intentar atentar contra el avión estadounidense que cubría la línea Amsterdam-Detroit el pasado día de Navidad, Umar Farouk Abdulmutallab, fue reclutado en Londres por Al Qaeda y se reunió en Yemen con el imán radical Anwar al Awlaki -vinculado con la matanza de la base de Fort Hood- durante el tiempo en que permaneció en este país árabe, según informan fuentes gubernamentales yemeníes.
"De acuerdo con nuestras investigaciones, el nigeriano se trasladó a (la provincia de) Shabwa y se reunió con Anwar al Awlaki", ha declarado el viceprimer ministro para Defensa y Seguridad de Yemen, Rshad al Alimi, en rueda de prensa.
Awlaki, un clérigo radical anglohablante al que se ha vinculado con la matanza perpretrada a principios de diciembre en la base de Fort Hood (Texas), en la que murieron 13 personas, había sido dado por muerto a causa de un ataque aéreo contra Al Qaeda efectuado el pasado mes de diciembre en Yemen, pero fuentes familiares precisaron posteriormente que seguía vivo.
Clima de preguerra (anunciado en diciembre del 2009)
LLUÍS BASSETS La amenaza terrorista
Es la guerra de Obama
LLUÍS BASSETS 07/01/2010
La peor de todas es la que se libra en nuestros cerebros. Puede darse por perdida en cuanto se aceptan sus términos. Y hay que escribirlo con todas las letras: en Europa se está perdiendo. Es la guerra cultural, en la que las acciones violentas tienen una doble función persuasiva: amedrentar al conjunto de la población y transferir la responsabilidad, la culpa, a quienes actúan en disconformidad con el Islam radical, convirtiéndose con ello en objetivos potenciales. El resultado es que conducen a la restricción de la libertad de expresión y a la censura. Esta guerra tiene muchos cómplices, porque no son sólo los musulmanes radicales quienes piden un estatuto especial para su religión.
En Irlanda entró el primer día del año en vigor la ley antiblasfemia, que castiga con multa de hasta 25.000 euros a quienes las profieran en público. Un soldado de esta guerra es el somalí que el primer día del año intentó asesinar, hacha y cuchillo en mano, a Kurt Westergard, el dibujante que publicó una caricatura de Mahoma en el diario danés Jylland Posten en 2005, y que desde entonces se halla bajo protección policial. En las críticas a las caricaturas de Mahoma coincidieron el Papa, Tony Blair e incluso George Bush, a pesar de que en su país la libertad de expresión está mucho mejor protegida que en Europa.
Una maleta con explosivos se cuela en Irlanda
Barack Obama
A FONDO
Nacimiento: 04-08-1961 Lugar: Honolulu
La ofensiva de Al Qaeda
A FONDO
Amenaza internacional
La auténtica guerra se libra con 'drones', que golpean a Al Qaeda en sus nidos
No le anda a la zaga la siguiente guerra, que se libra a la vista de todos, en la calle y en las instituciones. Como la anterior, tiene la virtud de que se empieza a perder en cuanto se acepta que existe. El sueño de la invulnerabilidad puede conducir a las mayores aberraciones. Dura será la vida de quienes utilizan el transporte aéreo. Pero lo mismo puede suceder con trenes, autobuses, metros e incluso automóviles privados. Hay sin embargo una inversión de términos en este caso. En Europa, de momento más acostumbrada a la sociedad de riesgo, la reacción es moderada. En Estados Unidos, en cambio, donde ha prosperado la leyenda de un país invulnerable, ni siquiera Obama ha conseguido revertir los efectos de la guerra sobre el Estado de derecho y las libertades. El soldado de esta guerra es el nigeriano que intentó volar el avión de Northwest a su llegada a Detroit desde Ámsterdam el día de Navidad. Guantánamo seguirá abierto gracias a ella.
Como seguirá habiendo presos sin juicio, órdenes de detención secretas, escuchas sin control judicial y todo lo que Bush hizo, eso sí al por mayor, ahora al detalle y con mayor cuidados y prevenciones.
Pero donde más se nota que estamos perdiendo la segunda guerra, la de los valores, es en la tercera, que es donde de verdad hay combatientes, batallas y estados mayores enfrentados y es, en el fondo, la verdadera guerra de Obama.
Es lamentable y repugnante como toda guerra, pero es la más cierta y eficaz. Se libra en secreto, sin bravuconerías, calladamente. Aunque sus efectos emergen de vez en cuando, con no poca alarma.
Por ejemplo, en el ataque suicida a la base de la CIA en Afganistán, un revés histórico para Estados Unidos, que creía tener a Bin Laden al alcance de la mano a través de un agente doble y se ha encontrado con que ha perdido a seis agentes propios y a uno de un país aliado como Jordania. Esta acción de Al Qaeda es la respuesta a una guerra cibernética, a través de aviones teledirigidos, que mantiene la CIA en Afganistán y Pakistán, y que ha costado la vida al menos a una veintena de destacados dirigentes terroristas.
Con Obama se ha intensificado este tipo de guerra, hasta el punto de que algunos expertos aseguran que sustituirá la actual presencia masiva de tropas en la zona de conflictos que se extiende desde Pakistán hasta Somalia. La CIA ha realizado 55 ataques, contando los dos de ayer, desde sus drones Predator (Depredador) y Reaper (Segador) durante el primer año de Obama en la Casa Blanca, una cifra que duplica la de 2008 con Bush y supera toda la actividad durante los ocho de la anterior presidencia. Formalmente se trata de un programa de asesinatos selectivos que Bush autorizó, después de que otro presidente republicano, Gerald Ford, lo prohibiera en 1976. El australiano Philip Alston, relator especial de Naciones Unidas sobre Ejecuciones Extrajudiciales y profesor de Derecho en la Universidad de Nueva York, considera que este tipo de acciones pueden ser legales en condiciones de guerra justa: cuando no hay otro medio para detener o impedir que el enemigo prosiga su actividad y cuando se toman todas las precauciones para evitar las víctimas civiles. Pero no parece ser el caso, porque ni siquiera hay información oficial ni posibilidad de control judicial o parlamentario sobre este tipo de acciones.
Bush hacía un paquete con todas las guerras, al que denominaba Guerra Global contra el Terror, que algunos confundían con una guerra contra los árabes o contra el islam.
Las facturas por aquellos errores, cada vez más elevadas, siguen llegando ahora. Obama matiza y distingue: pero esto no le hace inmune a las críticas, desde la derecha, por su excesiva moderación y, desde la izquierda, por su continuidad con la guerra ilegal de Bush. De su pericia para librarla sin mucho desgaste y para ganarla, es decir, terminar con el peligro cierto de Al Qaeda, no depende únicamente su presidencia, sino también la seguridad de todos.
Es la guerra de Obama
LLUÍS BASSETS 07/01/2010
La peor de todas es la que se libra en nuestros cerebros. Puede darse por perdida en cuanto se aceptan sus términos. Y hay que escribirlo con todas las letras: en Europa se está perdiendo. Es la guerra cultural, en la que las acciones violentas tienen una doble función persuasiva: amedrentar al conjunto de la población y transferir la responsabilidad, la culpa, a quienes actúan en disconformidad con el Islam radical, convirtiéndose con ello en objetivos potenciales. El resultado es que conducen a la restricción de la libertad de expresión y a la censura. Esta guerra tiene muchos cómplices, porque no son sólo los musulmanes radicales quienes piden un estatuto especial para su religión.
En Irlanda entró el primer día del año en vigor la ley antiblasfemia, que castiga con multa de hasta 25.000 euros a quienes las profieran en público. Un soldado de esta guerra es el somalí que el primer día del año intentó asesinar, hacha y cuchillo en mano, a Kurt Westergard, el dibujante que publicó una caricatura de Mahoma en el diario danés Jylland Posten en 2005, y que desde entonces se halla bajo protección policial. En las críticas a las caricaturas de Mahoma coincidieron el Papa, Tony Blair e incluso George Bush, a pesar de que en su país la libertad de expresión está mucho mejor protegida que en Europa.
Una maleta con explosivos se cuela en Irlanda
Barack Obama
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Nacimiento: 04-08-1961 Lugar: Honolulu
La ofensiva de Al Qaeda
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Amenaza internacional
La auténtica guerra se libra con 'drones', que golpean a Al Qaeda en sus nidos
No le anda a la zaga la siguiente guerra, que se libra a la vista de todos, en la calle y en las instituciones. Como la anterior, tiene la virtud de que se empieza a perder en cuanto se acepta que existe. El sueño de la invulnerabilidad puede conducir a las mayores aberraciones. Dura será la vida de quienes utilizan el transporte aéreo. Pero lo mismo puede suceder con trenes, autobuses, metros e incluso automóviles privados. Hay sin embargo una inversión de términos en este caso. En Europa, de momento más acostumbrada a la sociedad de riesgo, la reacción es moderada. En Estados Unidos, en cambio, donde ha prosperado la leyenda de un país invulnerable, ni siquiera Obama ha conseguido revertir los efectos de la guerra sobre el Estado de derecho y las libertades. El soldado de esta guerra es el nigeriano que intentó volar el avión de Northwest a su llegada a Detroit desde Ámsterdam el día de Navidad. Guantánamo seguirá abierto gracias a ella.
Como seguirá habiendo presos sin juicio, órdenes de detención secretas, escuchas sin control judicial y todo lo que Bush hizo, eso sí al por mayor, ahora al detalle y con mayor cuidados y prevenciones.
Pero donde más se nota que estamos perdiendo la segunda guerra, la de los valores, es en la tercera, que es donde de verdad hay combatientes, batallas y estados mayores enfrentados y es, en el fondo, la verdadera guerra de Obama.
Es lamentable y repugnante como toda guerra, pero es la más cierta y eficaz. Se libra en secreto, sin bravuconerías, calladamente. Aunque sus efectos emergen de vez en cuando, con no poca alarma.
Por ejemplo, en el ataque suicida a la base de la CIA en Afganistán, un revés histórico para Estados Unidos, que creía tener a Bin Laden al alcance de la mano a través de un agente doble y se ha encontrado con que ha perdido a seis agentes propios y a uno de un país aliado como Jordania. Esta acción de Al Qaeda es la respuesta a una guerra cibernética, a través de aviones teledirigidos, que mantiene la CIA en Afganistán y Pakistán, y que ha costado la vida al menos a una veintena de destacados dirigentes terroristas.
Con Obama se ha intensificado este tipo de guerra, hasta el punto de que algunos expertos aseguran que sustituirá la actual presencia masiva de tropas en la zona de conflictos que se extiende desde Pakistán hasta Somalia. La CIA ha realizado 55 ataques, contando los dos de ayer, desde sus drones Predator (Depredador) y Reaper (Segador) durante el primer año de Obama en la Casa Blanca, una cifra que duplica la de 2008 con Bush y supera toda la actividad durante los ocho de la anterior presidencia. Formalmente se trata de un programa de asesinatos selectivos que Bush autorizó, después de que otro presidente republicano, Gerald Ford, lo prohibiera en 1976. El australiano Philip Alston, relator especial de Naciones Unidas sobre Ejecuciones Extrajudiciales y profesor de Derecho en la Universidad de Nueva York, considera que este tipo de acciones pueden ser legales en condiciones de guerra justa: cuando no hay otro medio para detener o impedir que el enemigo prosiga su actividad y cuando se toman todas las precauciones para evitar las víctimas civiles. Pero no parece ser el caso, porque ni siquiera hay información oficial ni posibilidad de control judicial o parlamentario sobre este tipo de acciones.
Bush hacía un paquete con todas las guerras, al que denominaba Guerra Global contra el Terror, que algunos confundían con una guerra contra los árabes o contra el islam.
Las facturas por aquellos errores, cada vez más elevadas, siguen llegando ahora. Obama matiza y distingue: pero esto no le hace inmune a las críticas, desde la derecha, por su excesiva moderación y, desde la izquierda, por su continuidad con la guerra ilegal de Bush. De su pericia para librarla sin mucho desgaste y para ganarla, es decir, terminar con el peligro cierto de Al Qaeda, no depende únicamente su presidencia, sino también la seguridad de todos.
Al Qaeda
La amenaza terrorista
El espionaje de EE UU se sume en el derrotismo tras la cadena de errores
Un informe militar advierte que los fallos hacen imposible vencer a Al Qaeda
ANTONIO CAÑO - Washington - 07/01/2010
Una cadena de significativos errores en las últimas semanas ha creado un clima de confusión y derrotismo entre los servicios de espionaje de EE UU, que se sienten impotentes ante la movilidad, la obstinación ideológica y la capacidad de renovación de sus enemigos de Al Qaeda. Un reciente informe militar concluye que, en estas condiciones, es imposible ganar la guerra de Afganistán.
Una maleta con explosivos se cuela en Irlanda
Estados Unidos
A FONDO
Capital: Washington. Gobierno: República Federal. Población: 303,824,640 (est. 2008)
La ofensiva de Al Qaeda
A FONDO
Amenaza internacional
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"Después de ocho años de guerra, el papel de la comunidad de espionaje de Estados Unidos es sólo marginal... Sus análisis están tan carentes de información que en ocasiones parecen más anécdotas que el producto de un serio trabajo detectivesco... La historia está repleta de ejemplos en los que un ejército poderoso pierde las guerras ante enemigos más débiles porque no prestaron la atención suficiente al entorno del conflicto", afirma un informe presentado el lunes pasado por el general Michael Flynn, el máximo responsable de las operaciones de espionaje en Afganistán.
Una eficaz labor de penetración en la sociedad musulmana y de conocimiento del ambiente cultural y político entre el que se mueve Al Qaeda resulta esencial, no sólo para el éxito de la estrategia que el presidente Barack Obama ha diseñado para Afganistán, sino para que todo este enorme despliegue de recursos que antes se llamaba guerra contra el terrorismo no acabe convirtiéndose en un monumental desastre.
El momento actual es muy delicado. El propio presidente expuso el martes ante todo el país el fracaso de las agencias de espionaje al enlazar los datos que habrían impedido que el nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab hubiera abordado el avión de Northwest que intentó derribar sobre Detroit. [Abdulmutallab fue acusado ayer por un gran jurado de seis cargos, entre ellos el intento de asesinato de las 289 personas a bordo del avión e intento de usar un arma de destrucción masiva, informa Reuters]
Ese sonrojante fallo no fue el único de un fin de año calamitoso. Un oficial del Ejército de EE UU que había confesado en público su transformación al radicalismo islámico y que se había reunido con mandos terroristas, tuvo manos libres para provocar en noviembre una matanza entre sus propios compañeros en el cuartel de Fort Hood (Tejas).
Trampa sangrienta
Un día antes de Nochevieja, la CIA cayó en Afganistán probablemente en la trampa más sangrienta de toda su historia: un agente doble que los había engañado durante un año logró matar en un acto a los siete principales cuadros del espionaje de EE UU en ese país, incluida la jefa de la base de Khost. Tan engañados estaban, que ya habían informado a la Casa Blanca de la trascendental reunión que tendrían ese día con su informante, en la que éste detonó su chaleco explosivo.
Aunque la CIA ha tratado de vengar ese golpe con tres bombardeos con aviones no tripulados en el plazo de una semana, la frustración es inocultable. El ataque de Khost, cometido por un agente jordano que decía tener a su alcance a los principales dirigentes de Al Qaeda, es la prueba de que la CIA carece de conocimiento para distinguir entre amigos y enemigos en una sociedad que se ha demostrado impenetrable para los métodos tradicionales del espionaje estadounidense.
Al Qaeda echa raíces en comunidades rurales a las que los norteamericanos no pueden acceder, reaparece en Yemen cuando parecía derrotada en Irak, crece en Somalia, recluta militantes en lugares tan remotos como Nigeria y se desplaza entre Pakistán y Afganistán sin ser detectados por los más sofisticados medios tecnológicos. Tiene, además, la fe del fanático y la paciencia para esperar un año hasta que uno de sus hombres asesta a la CIA el golpe soñado.
El director nacional de Inteligencia, Dennis Blair, dedicado a la coordinación de las diferentes agencias encargadas de ese asunto, hizo el miércoles una declaración a sus subordinados en la que los que animaba a hacer frente a todos esos desafíos. "Tenemos que fortalecer nuestros recursos para combatir sus nuevas tácticas. La amenaza ha evolucionado y nosotros tenemos que anticiparnos a los nuevos tipos de ataques y mejorar nuestra capacidad de tomar la iniciativa", afirmó Blair.
El espionaje de EE UU se sume en el derrotismo tras la cadena de errores
Un informe militar advierte que los fallos hacen imposible vencer a Al Qaeda
ANTONIO CAÑO - Washington - 07/01/2010
Una cadena de significativos errores en las últimas semanas ha creado un clima de confusión y derrotismo entre los servicios de espionaje de EE UU, que se sienten impotentes ante la movilidad, la obstinación ideológica y la capacidad de renovación de sus enemigos de Al Qaeda. Un reciente informe militar concluye que, en estas condiciones, es imposible ganar la guerra de Afganistán.
Una maleta con explosivos se cuela en Irlanda
Estados Unidos
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Capital: Washington. Gobierno: República Federal. Población: 303,824,640 (est. 2008)
La ofensiva de Al Qaeda
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"Después de ocho años de guerra, el papel de la comunidad de espionaje de Estados Unidos es sólo marginal... Sus análisis están tan carentes de información que en ocasiones parecen más anécdotas que el producto de un serio trabajo detectivesco... La historia está repleta de ejemplos en los que un ejército poderoso pierde las guerras ante enemigos más débiles porque no prestaron la atención suficiente al entorno del conflicto", afirma un informe presentado el lunes pasado por el general Michael Flynn, el máximo responsable de las operaciones de espionaje en Afganistán.
Una eficaz labor de penetración en la sociedad musulmana y de conocimiento del ambiente cultural y político entre el que se mueve Al Qaeda resulta esencial, no sólo para el éxito de la estrategia que el presidente Barack Obama ha diseñado para Afganistán, sino para que todo este enorme despliegue de recursos que antes se llamaba guerra contra el terrorismo no acabe convirtiéndose en un monumental desastre.
El momento actual es muy delicado. El propio presidente expuso el martes ante todo el país el fracaso de las agencias de espionaje al enlazar los datos que habrían impedido que el nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab hubiera abordado el avión de Northwest que intentó derribar sobre Detroit. [Abdulmutallab fue acusado ayer por un gran jurado de seis cargos, entre ellos el intento de asesinato de las 289 personas a bordo del avión e intento de usar un arma de destrucción masiva, informa Reuters]
Ese sonrojante fallo no fue el único de un fin de año calamitoso. Un oficial del Ejército de EE UU que había confesado en público su transformación al radicalismo islámico y que se había reunido con mandos terroristas, tuvo manos libres para provocar en noviembre una matanza entre sus propios compañeros en el cuartel de Fort Hood (Tejas).
Trampa sangrienta
Un día antes de Nochevieja, la CIA cayó en Afganistán probablemente en la trampa más sangrienta de toda su historia: un agente doble que los había engañado durante un año logró matar en un acto a los siete principales cuadros del espionaje de EE UU en ese país, incluida la jefa de la base de Khost. Tan engañados estaban, que ya habían informado a la Casa Blanca de la trascendental reunión que tendrían ese día con su informante, en la que éste detonó su chaleco explosivo.
Aunque la CIA ha tratado de vengar ese golpe con tres bombardeos con aviones no tripulados en el plazo de una semana, la frustración es inocultable. El ataque de Khost, cometido por un agente jordano que decía tener a su alcance a los principales dirigentes de Al Qaeda, es la prueba de que la CIA carece de conocimiento para distinguir entre amigos y enemigos en una sociedad que se ha demostrado impenetrable para los métodos tradicionales del espionaje estadounidense.
Al Qaeda echa raíces en comunidades rurales a las que los norteamericanos no pueden acceder, reaparece en Yemen cuando parecía derrotada en Irak, crece en Somalia, recluta militantes en lugares tan remotos como Nigeria y se desplaza entre Pakistán y Afganistán sin ser detectados por los más sofisticados medios tecnológicos. Tiene, además, la fe del fanático y la paciencia para esperar un año hasta que uno de sus hombres asesta a la CIA el golpe soñado.
El director nacional de Inteligencia, Dennis Blair, dedicado a la coordinación de las diferentes agencias encargadas de ese asunto, hizo el miércoles una declaración a sus subordinados en la que los que animaba a hacer frente a todos esos desafíos. "Tenemos que fortalecer nuestros recursos para combatir sus nuevas tácticas. La amenaza ha evolucionado y nosotros tenemos que anticiparnos a los nuevos tipos de ataques y mejorar nuestra capacidad de tomar la iniciativa", afirmó Blair.
el terrorismo obamista
El terrorismo islamista
La Inteligencia de EE UU hace autocrítica de su papel en Afganistán
El suicida que atacó la base afgana de la CIA era un agente doble jordano al servicio de Al Qaeda
ELPAÍS.com / AGENCIAS - Madrid / Washington - 05/01/2010
El responsable de los servicios de inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Afganistán ha criticado duramente el trabajo de las agencias de espionaje de su país en territorio afgano. En un informe de la organización Center for New American Security, el general Michael Flynn asegura que en ocho años de guerra, la actividad de los servicios secretos, que califica de "confusa", ha sido sólo marginalmente importante en la estrategia global en Afganistán.
La CIA promete vengar el ataque a una de sus bases en Afganistán
Afganistán
A FONDO
Capital: Kabul. Gobierno: Administración interina (22-01-2001). Población: 32,738,376 (est. 2008)
CIA
(Agencia Central de Inteligencia)
A FONDO
Sede: Washington (Estados Unidos)
Ver cobertura completa
Flynn critica que los agentes de inteligencia de EE UU se hayan centrado casi exclusivamente en "capturar o matar a los insurgentes de medio y alto nivel". "Es necesario para ganar una guerra", dice el general, pero "secundario" si se compara con la importancia de obtener información "sobre el contexto de las operaciones" y de "distinguir entre los talibanes y el resto de la población afgana" con el fin de tomar las "decisiones importantes".
En un informe que muestra las tensiones entre el Ejército y las agencias de espionaje de EE UU, el militar cree que los agentes son "desconocedores de la economía local y de los terratenientes, están confusos sobre las personas próximas al poder y cómo pueden influir en ellas".
También afirma que no están interesados en los proyectos de desarrollo y en la forma en que los campesinos pueden colaborar, además de que no se comprometen con "la gente en la mejor posición para encontrar respuestas, como cooperantes o soldados afganos". Flynn además insta a realizar "importantes cambios culturales" a la hora de obtener una información más amplia en mayor número de capas sociales.
Agente doble
El informe se ha publicado sólo unos días después de que un suicida matase a siete miembros de la CIA en una base estadounidense en el este de Afganistán, en uno de los ataques más sangrientos en la historia de la agencia. El suicida era un miembro de Al Qaeda, además de un espía doble de los servicios de inteligencia jordanos que trabajaba con para la CIA, informa Yolanda Monge.
El atacante conocía de primera mano el terreno, ya que desde hace casi un año colaboraba con los servicios de inteligencia norteamericanos, que le consideraban un agente del espionaje jordano -y por tanto "amigo"-. Por esta razón, pudo acceder hasta la reunión que le situó -con el cuerpo repleto de explosivos- frente a algunos de los más altos cargos de la Agencia Central de Inteligencia en la zona, entre los que se encontraba la jefa de la misión, que murió en el ataque.
Su carácter de doble agente explica ahora por qué a su llegada a la base de Chapman (en la provincia afgana de Khost, sureste del país) no fue registrado y se le franqueó el paso. Se esperaba su llegada con una "valiosa" información que podía conducir a las fuerzas estadounidenses hasta los líderes de Al Qaeda, concretamente hasta Ayman Al Zawahiri, número dos de la red de Osama Bin Laden.
Arrestado en Jordania y reclutado posteriormente para los servicios de espionaje de ese país -que para entonces le creían un miembro leal a su causa-, el atacante ha sido identificado por una fuente talibán en Pakistán como el médico jordano Human Khaili Mohammed. Pero mientras EE UU y Jordania (importante aliado de Washington en la zona) creían que espiaba para sus Gobiernos, Mohammed era un agente doble al que los radicales islámicos en la región fronteriza entre Pakistán y Afganistán entregaron explosivos para inmolarse y causar el mayor número de bajas posible a la CIA en la base de Chapman.
Además de los siete miembros de la CIA, en el ataque del pasado miércoles se ha conocido ahora que también falleció un agente jordano, identificado como Sharif Ali Bin Zeid, capitán del Ejército y familiar lejano del rey de Jordania, y que era el contacto del espía doble dentro de la base.
La Inteligencia de EE UU hace autocrítica de su papel en Afganistán
El suicida que atacó la base afgana de la CIA era un agente doble jordano al servicio de Al Qaeda
ELPAÍS.com / AGENCIAS - Madrid / Washington - 05/01/2010
El responsable de los servicios de inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Afganistán ha criticado duramente el trabajo de las agencias de espionaje de su país en territorio afgano. En un informe de la organización Center for New American Security, el general Michael Flynn asegura que en ocho años de guerra, la actividad de los servicios secretos, que califica de "confusa", ha sido sólo marginalmente importante en la estrategia global en Afganistán.
La CIA promete vengar el ataque a una de sus bases en Afganistán
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Capital: Kabul. Gobierno: Administración interina (22-01-2001). Población: 32,738,376 (est. 2008)
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(Agencia Central de Inteligencia)
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Flynn critica que los agentes de inteligencia de EE UU se hayan centrado casi exclusivamente en "capturar o matar a los insurgentes de medio y alto nivel". "Es necesario para ganar una guerra", dice el general, pero "secundario" si se compara con la importancia de obtener información "sobre el contexto de las operaciones" y de "distinguir entre los talibanes y el resto de la población afgana" con el fin de tomar las "decisiones importantes".
En un informe que muestra las tensiones entre el Ejército y las agencias de espionaje de EE UU, el militar cree que los agentes son "desconocedores de la economía local y de los terratenientes, están confusos sobre las personas próximas al poder y cómo pueden influir en ellas".
También afirma que no están interesados en los proyectos de desarrollo y en la forma en que los campesinos pueden colaborar, además de que no se comprometen con "la gente en la mejor posición para encontrar respuestas, como cooperantes o soldados afganos". Flynn además insta a realizar "importantes cambios culturales" a la hora de obtener una información más amplia en mayor número de capas sociales.
Agente doble
El informe se ha publicado sólo unos días después de que un suicida matase a siete miembros de la CIA en una base estadounidense en el este de Afganistán, en uno de los ataques más sangrientos en la historia de la agencia. El suicida era un miembro de Al Qaeda, además de un espía doble de los servicios de inteligencia jordanos que trabajaba con para la CIA, informa Yolanda Monge.
El atacante conocía de primera mano el terreno, ya que desde hace casi un año colaboraba con los servicios de inteligencia norteamericanos, que le consideraban un agente del espionaje jordano -y por tanto "amigo"-. Por esta razón, pudo acceder hasta la reunión que le situó -con el cuerpo repleto de explosivos- frente a algunos de los más altos cargos de la Agencia Central de Inteligencia en la zona, entre los que se encontraba la jefa de la misión, que murió en el ataque.
Su carácter de doble agente explica ahora por qué a su llegada a la base de Chapman (en la provincia afgana de Khost, sureste del país) no fue registrado y se le franqueó el paso. Se esperaba su llegada con una "valiosa" información que podía conducir a las fuerzas estadounidenses hasta los líderes de Al Qaeda, concretamente hasta Ayman Al Zawahiri, número dos de la red de Osama Bin Laden.
Arrestado en Jordania y reclutado posteriormente para los servicios de espionaje de ese país -que para entonces le creían un miembro leal a su causa-, el atacante ha sido identificado por una fuente talibán en Pakistán como el médico jordano Human Khaili Mohammed. Pero mientras EE UU y Jordania (importante aliado de Washington en la zona) creían que espiaba para sus Gobiernos, Mohammed era un agente doble al que los radicales islámicos en la región fronteriza entre Pakistán y Afganistán entregaron explosivos para inmolarse y causar el mayor número de bajas posible a la CIA en la base de Chapman.
Además de los siete miembros de la CIA, en el ataque del pasado miércoles se ha conocido ahora que también falleció un agente jordano, identificado como Sharif Ali Bin Zeid, capitán del Ejército y familiar lejano del rey de Jordania, y que era el contacto del espía doble dentro de la base.
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